Tercera y última parte: Identidad de Género por Mayra Pérez Ambriz


Nada que un ser humano haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.

                           Martin Luther King


Violencia, discriminación y salud mental

La intolerancia social entreteje situaciones dolorosas que hacen de la diferencia un dilema que constantemente empuja al ajuste de las normas sociales, logrando que muchas personas con variaciones del género supriman su identidad evitando identificarse con lo que realmente son; afortunadamente, también existen quienes aprenden a aceptar y acoger a sus hijos/as, familiares y amigos con variaciones del género tal y como son.

Desde el enfoque de la CIE, la discordancia de género o transexualidad, puede afectar la salud mental en la medida en que produce un sufrimiento significativo y una desventaja adaptativa importante. El umbral clínico se traspasa cuando la persona experimenta preocupación, incertidumbre por su identidad de género, llegando en ocasiones a ser esta experiencia tan intensa que se convierte en el aspecto central de la vida, lo cual obstaculiza el logro de una identidad de género libre de conflictos y en algunos casos, impide la normalización de la vida misma

¿Por qué produce tanto sufrimiento?

Por muchas razones. La sociedad determina los límites simbólicos que indican quién está dentro y quién queda fuera del orden social. Sentirse incluido en uno de los polos de la dicotomía hombre-mujer, ofrece seguridad. La identidad es un proceso que permite a las personas ubicarse en el mundo. La identidad se piensa de forma ontológica. La configuración esencialista del pensamiento occidental tiende a naturalizar la identidad y a definirla como estructura sólida, nada cambiante.

Decir: «soy mujer», sentirse un miembro de un grupo predeterminado socialmente, tranquiliza, ayuda a vivir sin dudas ni ansiedades. Desde esta perspectiva se pueden entender los altos niveles de angustia que produce situarse fuera del modelo dicotómico que utilizamos cuando desde el punto de vista genético, hormonal y morfoanatómico se pertenece a un sexo y desde el punto de vista psicológico y social a otro. Nuestro modelo occidental no contempla un lugar para aquellas mujeres psicosocioemocionales que tienen órganos sexuales masculinos. La cirugía de reasignación de género subraya el modelo occidental del género, encarnando la polarización de éste en base a los órganos sexuales y el cuerpo. Otro motivo de sufrimiento radica en que por ahora, la solicitud de reasignación de sexo, sigue siendo una demanda individual, sin estatus social de acogida, de aquí la importante angustia que exponen las personas con discordancia de género. Así mismo el aislamiento social que sufren muchas de estas personas repercute de una manera notable en el nivel de autoestima, ya que tienen que enfrentar consecuencias adversas por poseer un autoconcepto poco reforzado socialmente además de contribuir a crear dificultades en la adaptación social produciendo interrupciones tempranas de la escolarización y dificultades en el ámbito laboral.

Las dificultades de socialización, del desarrollo escolar y laboral llevan, en ocasiones, a la práctica de trabajos marginales. Asimismo, la preocupación por su aspecto físico y los cambios que quieren conseguir, para adaptarse  y disminuir el malestar que les produce su sexo biológico, se convierte en una actividad absorbente que ocupa gran parte de su tiempo y que entorpece aún más la adaptación al medio. Estas dificultades a lo largo del ciclo vital, dan lugar a la necesidad de exploración de la comorbilidad psíquica, como parte indispensable del proceso a la salud. Si a esto le sumamos que muchos profesionales de la salud física, mental y sexual desconocen del tema, se vuelve urgente desarrollar una conciencia pública y política alrededor de la discriminación, reformas legales y médicas al respecto en todo el país.

En la medida en que han surgido nuevas identidades colectivas, dando cuerpo y voz a personas tradicionalmente marginadas, invisibilizadas y discriminadas por las costumbres y los marcos normativos, las distintas sociedades han reconfigurado reflexivamente los límites binarios del género. La mutua afectación de la expresión experta y la popular teje el entramado simbólico que va proveyendo de nuevos lenguajes, gestos, territorios y fórmulas a las actuaciones identitarias.

Conclusiones

La idea de etiquetar a alguien como hombre o mujer es una decisión social que parte del cuerpo sexuado para construir significados, pero que de ninguna manera puede limitarse a él, de hecho sólo nuestras creencias sobre el género –y no la ciencia- pueden definir nuestro sexo. Sin embargo, el modelo cerebral se revela como el nuevo paradigma de la verdad sustancial sobre los cuerpos sexuados, los géneros y los deseos a pesar de que anteriormente se ha persistido en la idea de que es binario, pues la propia actuación de estos géneros diversos indica la deconstrucción de los dualismos posiblemente también cerebrales, aunque, también estamos lejos de pensar que la identidad se funde solamente en la biología. El tema es complejo y hay que evitar posiciones reduccionistas que no tengan en cuenta otros aspectos como los psicológicos, sociales, contextuales. El entorno social, los valores con relación a lo masculino y femenino en una sociedad determinada, condicionan en gran medida nuestra conducta y nuestras actitudes, indican un modelo determinado a seguir, pautando entre otras características, los ideales de estatura y peso, los mecanismos de conservación, el tipo de alimentación, los cuidados estéticos, vestimentas, las características de las manifestaciones emocionales propios de uno u otro sexo.

Pero, no acabemos aquí el discurso que el debate sobre los retos que aporta la diversidad de pensamientos, ideas y conductas que emergen de las identidades apenas comienza a plantearse con fuerza. No olvides dejar tu comentario, estaremos encantados de conocer tu opinión.

 

 

Mayra A. Pérez Ambriz

Médica Sexóloga Clínica

Félix Cuevas No. 615 Int. 1 Col. del Valle

Teléfono: 56 01 71 28

www.si-saludintegral.com

Twitter: @medicina_SI

 

 

Referencias

ü  Berguero, M. et. al. (2008) Una reflexión sobre el concepto de género alrededor de la transexualidad. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (XXVIII/101) 211-266pp.

ü  Hernández, M. et. al. (2010). Género y sexualidad: consideraciones contemporáneas a partir de una reflexión en torno a la transexualidad y los estados intersexuales. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. (XXX/105) 75-91pp.

ü  Serret, E. (2009) La conformación reflexiva de las identidades trans. Sociológica (24/69) 79-100pp.

ü  Kerr, B. & Multon, K. (2015) The Development of Gender Identity, Gender roles, and gender relations in gifted students. Journal of Conunseling & Development. Volume 93. 183-189 pp.

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